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REFLEXIONES EDUCATIVAS

¿Por qué van los niños a la escuela?



Todos tenemos una respuesta rápida a la pregunta de qué porque en nuestras instituciones educativas  existen tantos cupos disponibles para estudiar y esta puede ser catalogada como: “Es que a los padres de hoy en día no les interesa la educación, o simplemente los niños tienen otros intereses como la calle o la casa”.

En primera instancia también podemos decir que los niños necesitan de la escuela porque deben educarse, compartir, socializar e interactuar con el otro.

Para los que hemos asistido a la escuela durante once años hemos tenido la oportunidad de vivir una experiencia controlada de nuestras vidas y este tiempo nos ha generado oportunidades de descubrir, implementar, vagar, reaccionar y disfrutar de maneras diferentes la estancia en el centro académico donde nuestros padres nos han matriculado. ¿Encierro permanente o estado de libertad? Esta es una de las preguntas que me surge al recordar lo que ha sido la escuela desde mi experiencia de vida, primero porque considero que la escuela no es solo las cuatro paredes y el techo que nos cubre del inclemente sol o del roció de la mañana y segundo porque creo que la escuela es más un laboratorio de aprendizaje que si lo se aprovechar me puede liberar de muchos estados de inconciencia de la realidad; aparte si le sumamos que muchas veces confundimos educación con escolarización.

Desde mi experiencia en la educación donde he tenido la oportunidad de ser docente, coordinador académico, rector y ahora asesor de calidad educativa he encontrado algunas respuestas a la pregunta que se hacen muchas instituciones educativas ¿Por qué no van los niños a la escuela? Si le preguntamos a un niño de tercer grado el por qué él asiste a la escuela, quizás su respuesta no contenga elementos elaborados y nos brinde una contestación de “Porque debo aprender” algunos un poco mayores y atrevidos en su respuesta dicen “porque mis padres me mandar a estudiar” y algunos que han proyectado un futuro se apoyan en la educación en la escuela como una oportunidad para ser profesionales asistiendo a la universidad para luego desempeñarse en el ámbito laboral, y otra respuesta más sincera es “debo asistir porque me dan un subsidio económico”. Estas mismas razones la podemos tener los adultos para convocarlos o para obligarlos a asistir a la escuela.

Me parece gracioso y no quiero ofender, pero ahora es común que los docentes, directivos, jefes de núcleo, secretarias de educación y hasta entes gubernamentales salgan a la calle con la famosa frase “JORNADA DE RESCATE Y MATRICULA.” En la cual recorren calles, visitan casas intentando recuperar a ese chico que ha desertado de la escuela por algún motivo. Visto esto desde una perspectiva de la oportunidad es una buena idea que salgamos del escritorio y recorramos los escenarios reales donde vive el estudiante y nos demos cuenta de primera mano de la realidad de su contexto.
Así mismo nos puede servir para sentarnos a reflexionar ¿Qué les ofrecemos a nuestros estudiantes en las escuelas?, ¿ cuál es el valor agregado que ofertamos en nuestras instituciones para que el estudiante se motive a vivir un proceso de aprendizaje? Basado en un sistema creado por una estructura curricular definida, la cual se ampara bajo un sistema de normas, contenidos, e intenciones formativas y pedagógicas que han sido elaboradas previamente para que el estudiante se “eduque y aprenda”, y la cual me atrevo a decir pocas veces se la socializamos al estudiante o se la explicamos de forma real y concreta del tal forma que no quede duda que la inserción escolar lo puede inducir a vivir en su estancia en la escuela un estado de participación e integración donde él puede ser creador de su propio aprendizaje.

Lastimosamente nuestro sistema de educativo es desigual y el principio de equidad pareciera que no prima en él; existe un divorcio coyuntural entre las necesidades educativas, la estructura y la orientación del servicio educativo; pareciera que es más importante la cobertura y tener los salones llenos de estudiantes que brindar de verdad elementos que en educación denominados “calidad educativa”, entendida como una postura donde la ética, la política y el ámbito social convergen, convocándonos a la re significación constante de nuestras prácticas y a la reflexión de nuestro quehacer desde la profesión. 

De este modo la calidad educativa debe contener elementos multidimensionales con diseños curriculares flexibles que conduzcan hacia la formación, el compromiso y la transformación social.

Retomando con la idea, regreso a darle una mirada a nuestro sistema educativo en el cual se nota el  evidente  atraso en el cual nos encontramos y el gran abismo que nos separa entre concebir la enseñanza y concebir el aprendizaje, así como también la evidente desigualdad entre las escuelas urbanas a las rurales, sumándole a esto la mediocridad por parte del estado y la falta de apoyo al docente.  El estado colombiano como fruto de su poca investigación e ideología académica se ha inventado un decreto considerado infame por los docentes y directivos, en el cual se obliga a las instituciones educativas a promover la mayoría de los estudiantes de un curso así este tenga sus calificaciones bajas o perdidas, logrando así que sea recurrente que muchos estudiantes pasen el año y no por sus conocimientos sino porque en su curso existieron compañeros más (malos) que él y por ende automáticamente queda promovido, dando esto como resultado final que el estudiante no pueda acceder a una formación universitaria ya que en su gran mayoría los resultados de las pruebas de estado no lo favorecen para ingresar a la formación profesional.

Otro problema considerado muy grave está en que el estado poco apoya al docente en su cualificación profesional, ya que en su mayoría de veces se limita a cumplir escasamente lo estipulado en la ley olvidando que allí en las escuelas existe un ser creador que necesita ser estimulado, comprendido y apoyado para que este brinde lo mejor de sí primero como ser humano y segundo como profesional.

Ahora bien no podemos desconocer el esfuerzo y el camino que se está empezando a gestar por la educación en Colombia, ni mucho menos los logros que han tenido los grandes pensadores, investigadores, organizaciones educativas, fundaciones y docentes por brindar alternativas de formación para nuestros educandos. Estamos recorriendo y encontrando nuevas formas para desarrollar nuestro quehacer educativo no es fácil pero tampoco imposible y algún día todo ese esfuerzo será reconocido y se verá reflejado en la formación de mejores seres, con cualidades humanas, sensibles frente a los problemas de su sociedad, participes de su propio conocimiento y creadores de un nuevo futuro.


Reflexiones educativas por 
Luis Alfredo Cuesta 



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